Las grandes ciudades son tan atractivas como sorprendentes. Madrid es una de ellas. Y todos los que vivimos aquí nos congratulamos de poder salir a la calle a pasear a cualquier hora del día o de la noche sin temer por nuestra seguridad personal. Pero no se fíen. Todas las ciudades de semejante calibre acogen en su seno a sectoes poco deseables, grupos marginados que intentan sobrevivir al margen de la ley. Conclusión: hay que tomar cirtas precauciones al moverse por la ciudad, sobre todo en ciertas zonas y a ciertas horas de la noche.
Hoy contaré mi triste encuentro con una mujer joven que fue objeto de una violación. Era una noche tranquila,podría ser un martes, o un miercoles de finales de otoño. Serían aproximadamente las once de la noche. Mi último cliente me llevó hasta la calle Irún. Esta calle se emplaza en las inmediaciones del parque del Oeste, un bonito enclave para pasear en los atardeceres de Madrid. El cliente se apeó del coche, y despúes de reanudar la marcha, una mujer joven de rasgos americanos me levantó la mano requiriendo mis servicios. En esa zona no es habitual recoger gente, ya que está cerca del centro de la ciudad, pero separada por el parque. De todos modos paré para que la pasajera subiera a mi taxi. En cuanto entró en el coche, ya me percaté de que algo no iba bien. Mi primer pensamiento cuando recogo alguien que me da "mala espina" es que tendré problemas para que me pague, es una deformación profesional. No es que sea mal pensado, pero la experiencia me hace desconfiar al observar ciertos comportamientos.
La muchacha tenía el rostro pálido, y el gesto era serio y preocupante. A mitad de camino me preguntó si con cinco euros le alcanzaría para cubrir todo el trayecto, pues no llevaba más dinero. La respuesta que le debía dar era negativa, pero le dije aue era probable que sí, siempre hay una solución al llegar al destino. Entonces la chica rompió a llorar, no de manera intensa, sino econ sollozos contenidos. Me intenté mantener al margen, atendiendo al tráfico. Pero en un habitáculo tan pequeño, se escucha todo, y logré oír de sus slabios estas palabras: "mamá, mamita" Lo musitaba repetidas veces, entre sollozos e hipos contenidos. La miré a los ojos por el retrovisor, y le inquirí: "Llore usted, por mí no se moleste. Supongo que un desahogo le hará bien"
Entonces la frágil muchacha rompió a llorar a moco tendido, y entre gemidos me pareció escuchar: "Me han violado, hay mamita, dos hombres, ha sido horrible".
No daba crédito a sus palabras. Paré el coche a un lado, me volví para mirarla de frente y le pregunté cómo se encontraba. Sólo contestaba diciendo que quería ir con su mamá. Entonces quise llevara al hospital más cercano, para que la viera un médico. Ella se negó. Sólo quería ir con su mamá. El trayecto duró poco más. Cuando llegamos a nuestro destino, el taxímetro marcaba más de cinco euros. La chica me qijo que esperara, que subía a pedirle el dinero que restaba a su madre para pagarme. "Por Dios, vete con tu madre, y después acude a un hospital, allí te ayudarán". La chica se apeó del taxi, después de darme los cinco euros, se fue, y yo seguí tabajando como pude.