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Terra
La Coctelera

El espíritu de las "No Olimpiadas"

   ¿Queréis olimpiadas en Madrid? Pues va a ser que no. Ha pasado una decena de días desde que nos arrebataron la "ilusión" y ya se olvidó el tema. No es para menos, se pusieron muy pesados los medios de comunicación. Parecía que en Madrid no pasaba nada, que la gente no padecía las consecuencias de esta disputa sórdida e interesada. ¿Los menos interesados? Los ciudadanos. Creedme, sé lo que me digo. Lo veíamos como algo simpático, algo interesante. Pero nos han saturado tanto con este tema, que a más de medio Madrid se les ha colgado una media sonrisa en la cara al saber que no nos han dado la dichosa olimpiada. Han matado nuestra ilusión antes de disparar al candidato.

   Yo me alegro por Río, seguro que lo necesitan más que nosotros. Y la verdad, yo prefiero quedarme como estoy. Recuerdo el efecto que tuvo las olimpiadas de Barcelona en el resto del país... trajo una crisis del carajo, y estamos para agravar la que tenemos. ¿Bofetada para nuestro alcalde? Puede ser, pero que no se preocupen, que nuestra opinión de su señoría y sus séquitos es la misma, pero nos reconforta saber que de nuestros bolsillos no van a despilfarrar más dinero de lo habitual, que ya es bastante.

   Y el espíritu olímpico, como que no me lo creo. Por qué no usan un espíritu idéntico para resolver los acuciantes problemas de este mundo tan global y tan divergente a la vez. Yo no veo la globalidad por ninguna parte, unos tanto y otros tan poco... la misma consigna que hace mil años, o dos mil. Amigos, está todo inventado. El espíritu olímpico se lo fuman los del coi entre tantos agasajos recibidos. Eso es lo que quiero ser yo, miembro del coi.  Y con este último deseo os dejo pensando un rato; y una pregunta, ¿Si fuerais miembros del coi os dejaríais agasajar-sobornar-pelotear por un sencillo voto que además es secreto?

 

 

 

Retomando el blog

   Hace muchísimo tiempo que no publico... ¿Por qué no retomarlo de nuevo?

   La falta de tiempo, el trabajo, el cansancio... Podría facilitar mil razones por las cuales abandoné este blog; pero ninguna me convence, siempre tengo en mente escribir algo. Pues hagámoslo, es cuestión de voluntad, y de eso tengo algo guardado.

   Mi situación es casi la misma, pero con una boca más que alimentar. Sobre esto podría escribir ríos de tinta. La paternidad no te cambia, pero inyecta matices a tu existencia difíciles de ignorar. Mi centro del universo era el mundo que me ha tocado vivir. Ahora el centro del mundo es mi hija, y todo mi universo gira en torno a su bienestar y educación. Antes mi trabajo era una manera de expresarme, un modo de vida. Ahora el trabajo es una mera herramienta necesaria, una pérdida de tiempo eficaz para mi familia. Pero sigo observando mi ciudad, una ciudad viva, que evoluciona, aunque en el fondo todo sigue igual. Siguen habitándola gente de toda ralea: gente buena, algunos más extraños de lo normal, otros tediosos y previsibles; tambien campan algunos seres despreciables a sus anchas. Esto me pone enfermo, pero ya hace muchos años que me he resignado a que en una ciudad de estas dimensiones, las ratas salgan de las alcantarillas en cuanto el sol se oculta dispuestas a promocionar las miserias de nuestra "decadente" sociedad. ¿He dicho decadente? Quizá sea más adecuado  "nuestra próspera sociedad democratica y cuasi-civilizada".

   Bueno, mejor no juzgar algo de lo que yo formo parte, para bien o para mal. Pues lo dicho, un saludo para todos y espero no importunaros demasiado con mis humildes epístolas.

 

RECETA CONTRA LA CRISIS

Que estamos bajos los efectos de una crisis económica parece evidente, aunque estas situaciones siempre afectan de manera más acuciante a los mismos de siempre, a los pobres. La historia se repite de nuevo. Los que amasan grandes cantidades de dinero siempre sacan tajada de cualquier situación. Si tuvieras liquidez, ¿no comprarías pisos ahora que están bajando? Es un ejemplo llano y ramplón, pero a veces las verdades se caen por su propio peso.

Yo padezco esta crisis como la mayoría de los mortales; mi recaudación diaria se a visto seriamente afectada, y veo a mi alrededor que la gente que tiene pequeños negocios está nerviosa y preocupada. Pero siempre he pensado que a los autónomos nunca nos faltarán mi duros en el bolsillo.

En cambio los obreros que se quedan en el paro tienen un problema más complejo: En primer lugar tiran de la prestación del desempleo. Pero esta no es eterna, y según nos dicen, esta situación va a durar un par de años. Así que, cuando se les termine la prestación, si no encuentran trabajo, ¿qué van a hacer?

Siempre he pensado que en esta sociedad moderna, el trabajo está para quien quiere trabajar, y mi oficio no está mál del todo. ¿Qué os parece si os digo que en el taxi hacen falta conductores? Sí, hasta en esta época de falta de trabajo hay demanda de conductores de taxis. Eso sí, es un trabajo que a veces puede resultar duro, o tedioso, pero también tiene ratos de grandes satisfacciones.

Tengo varios amigos que están en edad de trabajar, y no tienen trabajo. Y cuando les comento que en mi oficio tienen posibilidades reales, cambian de tema. Cielos, a veces me hacen sentir como un apestado. Pero bueno, yo llevo dando vueltas por Madrid 18 años, y este trabajo me ha proporcionado una casa y una manera de mantener a mi mujer y a mi hija de manera digna y provechosa.

Por eso me parece que cuando anuncian esas subidas del paro en este país, me parece que a veces la gente no necesitará tanto esos trabajos cuando se pueden permitir el lujo de pasarse más de un año en casa sin hacer nada, siendo conscientes de que existen otros trabajos que ellos rechazan de manera sistemática sin saber como funcionarían en ellos.

Bueno, cada uno que haga lo que le de la gana con su vida. Como decía mi abuela, "Qué hambre de quince días".

CRISIS DE ANSIEDAD

En ocasiones sufro ansiedad. No es extraño; a casi todo el mundo le pasa. Afortunadamente, mis crisis son soportables: comiendo dulce se me pasa; juego al basket y se me pasa; leo y se me pasa. Qué suerte supone el poder controlar mis crisis de ansiedad. En estos tiempos que vivimos son nuestro pan de cada día. Yo me congratulo con el tipo de vida que llevo. Este mundo va muy pero que muy deprisa, y yo intento ser un espectador que mira el circo desde la grada sin escandalizarse apenas. Y lo consigo, estoy perfeccionando el arte de serenarme en los momentos en que todo se mueve a mi alrededor a una velocidad de infarto.

Observo a mis clientes, a esas personas anónimas que son una muestra veraz de nuestra sociedad, y les veo muy enfermos. Este ritmo infernal les tiene infectados, padecen enfermedades comunes como la ansiedad, la impaciencia, son víctimas de un egoísmo inmoral... Olvidan que son mortales, que todo es efímero y podían vivir de manera más tranquila; y son normales. Los males de esta sociedad los hacemos comunes y les quitamos importancia. Creo que trabajamos demasiado.

El cliente de por la mañana aterriza en el aeropuerto de Madrid a las ocho en punto, no ha dormido apenas cinco horas, y hasta las diez de la noche no vuelve a su ciudad. Gana mucho dinero, pero no le llega, siempre necesita más comisiones, cerrar más negocios, aunque tenga que pasar por encima de cualquiera, qué más da.

A la hora de comer recojo a la pareja de viejecitos adinerados que van a almorzar al restaurante de lujo situado debajo de su casa. Comentan lo golfo que es el rumano gitano que vende klinex en el semáforo que se conformaría con un euro, mientras dan cinco euros de propina al guardacoches del restaurante que luego me comenta que el viejecito es un hijo de puta que hizo su fortuna en américa a base de joder a los más necesitados. Yo asiento y me voy, sólo soy un taxista, no debo opinar.

A media tarde llevo a la "casa de campo" a una par de putas que comienzan la jornada a las seis de la tarde. Las dejo en un paraje donde se mezclan los niños que montan en bicicleta con los chulos que maltratarán a mis clientas. Ellas también trabajan demasiado.

Por la noche la gente sigue trabajando, unos trabajan poniendo copas, otros conduciendo, cines, teatros, agentes de tráfico, taxis. El ritmo no para, eso sí, a estas horas todo parece más amable hasta que me adelanta las sirenas de los coches de policía en pleno centro de la ciudad y luego los ves parados en cualquier esquina resolviendo algún asunto turbio.

Y tambén voy al hospital. Allí trabaja mucha gente. Los hospitales tienen vida propia, sitios fríos donde la gente termina en urgencias con sus crisis de ansiedad. Hay un hombre que va todas las noches a urgencias, yo le cogí un día en mi taxi, olía mucho a orín. Todo el camino iba diciendo que se moría, y al llegar al hospital el vigilante de la puerta le echó a patadas de allí, todos los días la misma canción, un farsante tocapelotas. Y me dejó orín en el asiento de atrás. Tube noches mejores.

A veces debiéramos levantar el pie del acelerador. Simplemente para no estrellarnos. No me gustan las crisis de ansiedad, se pasa muy mal.

DOS DIPUTADAS

El otro día subieron a mi taxi dos mujeres de esas que elegimos para que nos representen en nuestra cámara baja del parlamento, o sea, en el congreso de los diputados de nuestro país. Las "encontré" saliendo de uno de los bares de copas más chulos de Madrid, muy cercano al edificio de las cortes. Me hizo ilusión llevar en mi coche a tan ilustres servidoras del populacho, e incluso esperé extraer de su conversación algo interesante que colmara mis espectativas sobre estas personas. Siempre pensé que los diputados son señores o señoras inteligentes, ilustrados, oradores de verbo ágil, gente que cuando abrieran la boca solo saliera de ella ingenio y elegancia.

Pues no. Sólo hablaron de lo bueno que eran los hoteles donde pernoctarían aquella noche y del sitio excelente donde al día siguiente iban a almorzar. Ningún chascarrillo sobre los presentes del emiciclo. ¿Serían diputadas de estas que sirven para rellenar la grada del parlamento? Porque no nos engañemos, algunos están ahí de pega, para apretar el botón de las votaciones equivocándose en sumadas ocasiones. Ni para eso son intrépidos.

Decepción en el primer día de parlamento en la capital de Madrid.

UNA BODA DE LAS DE VERDAD

Hoy he recibido una grata noticia; una amiga se va a casar dentro de cuatro meses... El anuncio de unas nupcias sienpre es motivo de alegría, ¿o no?

Un servidor también pasó por el trámite del desposorio, y reconozco que fue uno de los días más especiales de mi vida. Para mí una boda es un sinónimo de una fiesta, una gran fiesta. Y así fue la mía.

Llevo un año observando a gente a mi alrededor que se casa porque les interesa. Si, habéis oído bien. Suena muy mal, pero comprenderlo, existen trámites legales, situaciones en nuestro día a día, en los que sales perdiendo si no estás casado/a con tu pareja. Esto me parece ridículo a estas alturas del cuento, pero así está montado. Hemos pasado de no querer casarnos por no firmar papeles, a casarnos para tener un papel firmado. Y algunos amigos se han casado para no sentirse agraviados por la administración. Es correcto, totalmente loable. ¿Un matrimonio sin amor? No, seguro que son parejas que viven inténsamente su día a día:

Pero ¿y la fiesta? Pienso que sin fiesta no hay boda. Ahora tengo que darle una explicación a esta premisa. Dejadme pensar.... hum, tengo que seguir pensando... Joder, pues no encuentro ninguna justificación definitiva. Pues porque sí, porque no tiene que ser justificable. Hay cosas en esta vida que carecen de sentido absoluto, y esta es una de ellas.

Cualquier amigo que se precie te dirá que en su boda no hubo celebración porque les parecía un gasto innecesario, y tienen razón. Yo le diré que mi boda fue un ágape alegre e inolvidable en el que la gente que quiero y me quiere disfrutó de uno de los días más felices de mi vida, y tengo razón.

Pero a esta boda que me ha invitado mi amiga sí que voy a ir, porque será una fiesta por todo lo alto, inolvidable para los protagonistas y para los secundarios, y vivan los novios!!! Intentaremos dejar huella... soy un sentimental...

ME TOCÓ LA CHINA

Mi relación con el pueblo chino es escueta. Por una parte, reconozcamos que la colonia china de Madrid no destaca por su sociabilidad, y por otro lado tengamos encuentaque somos culturas tan distintas, que enterdernos resulta muy, pero que muy dificultoso. Usan mucho nuestros servicios; se mueven en taxi con asiduidad, pero nuestra comunicación se limita a que ellos me expliquen entre balbuceos a donde van, y yo les intente comprender adivinando en muchos casos a donde se dirigen más pormi instinto que por sus indicaciones.
El otro día recogí a una chinita muy jóven y muy guapa. Eso sí, de español, inglés o francés, nada de nada. La muchacha sólo hablaba uno de los cuantiosos dialectos chinos (creo). Creí entenderla que iba al aeropuerto. Se lo repetí dos veces, "Aeropuerto?" Ella asentía con la cabeza. Como no estaba convencido, le enseñé un catálogo que tengo donde viene explicado de qué terminal salen las compañías aereas. Me señaló el "terminal 1". Bueno, parece que la chinita sabe donde va. Pero algo me decía que la cosa pintaba mal. Me puse en camino mientras ella se acomodaba en el asiento, parecía tranquila, lo cual me infundió cierta confianza. Por el camino ubiqué a mi pasajera en un cómic "manga" cualquiera. Cierto, la muchacha tenía los ojos muy grandes, y una candidez y fragilidad digna de un personaje de aquellos cómics. Cuando entramos en el recinto del aeropuerto, me sentí extraño, la confianza que me dió la muchacha se esfumó de repente, sin explicación, mi instinto me dio una bofetada que me hizo volver a la dura realidad... cuando paré el taxi en el terminal 1 del aeropuerto, miré hacia atrás, y la chinita me dijo: No, Oporto. ¡CIELOS, Oporto, no aeropuerto! Ella quería ir a la otra punta de la ciudad, pero a la otra punta de verdad, como a más de media hora de donde estábamos. "Tierra, trágame", pensé. ¿Y qué la digo yo ahora, si no me entiende ni una palabra y a todo me respondía diciendo que sí y sonriéndome de una manera algo estúpida?
Puse cara de sorprendido, peroen una centésima de segundomudé mi gesto a la resignación que merecía esta situación tan incómoda como contraria a mis intereses. Tragé saliba, apagé el taxímetro y me dirigí hacia donde mi pasajera quería ir. Ella no se inmutó demasiado, se limitó a acomodarse en el asiento trasero de nuevo, y cuando llegamos a su destino me pagó (le cobré menos de la mitad), me dirigió una sonrisa de agradecimiento y se bajó sigilosa y ¿feliz?
No sé, no me sentó tan mal como me debería haber sentado. Me dió un poco de lástima, estar en un sitio donde no te puedes comunicar con los demás no debe ser fácil. Pensé que en cierto modo la eché una mano. Me sentí un poco contrariado, pero tranquilo. Me sentí bien, y yo también la despedí con una sonrisa.

Es triste pedir

Ayer me ocurrió algo que me me dejó perplejo. Cansado de dar vueltas por las calles, una noche en la que el trabajo escaseaba, me paré a la puerta de un bar para tomarme un café que me hiciese la noche más amena. Justo cuando me dispongo a abrir la puerta de la cafetería, escucho una voz que refiriéndose a mí me dice:
-Pernoda, ¿me podrías hacer un favor?
La voz era femenina. Me volví, y me encontré con dos adolescentes de unos trece o catorce años. Teniendo en cuenta que nadie, y menos a esa edad, va pidiendo favores a desconocidos, con tono suave para no parecer descortes, contesté: "Bueno, depende de qué favor"
-¿Podrías comprarme una cajetilla de tabaco en el bar?
Acabáramos. A estas, debido a su aspecto infantil, no les venden tabaco y están buscando desesperádamente a alguien que se lo consiga. "Uf, me parece muy feo eso que me pedís". En un momento se me pasó por la cabeza mi situación a la edad de estas niñas. Yo, desgraciadamente, comencé a fumar a su edad. Eso sí, entonces el tabaco lo conseguíamos en cualquier lado sin dificultad. Y fumé y fumé hasta querer dejarlo y no poder hacerlo. Y cuando consigues dejarlo, reconoces que el tabaco te ha dejado huella. Pensé que era bueno dificultarles el acceso al tabaco, aunque hace unos años pensara que es una medida estéril y represora.
Pero claro, puesto en su lugar, comprendo perfectamente a estas chicas. Pero no puedo ayudarlas a seguir fumando, aunque no sirva para nada, ya que alguno que dude como yo dudé, accederá a sus deseos y les sacará una cajetilla de Fortuna. Pero me mantuve en mi lugar de ex-fumador, en mi sitio de padre de familia. Fui responsable y les dije: "Uf, me parece muy feo eso que me pedís".
-Pero si mi madre me lo compra.
-Pues chica, que te lo compre tu madre.
-Es que no están en casa...
Estuve a punto de satisfacerlas. Pero mi conciencia no quedaría tranquila. "Lo siento, chicas, sé que es duro, pero es así." Entré en la cafetería. Mientras saboreaba mi café cortado pensé en darlas una charla al salir, ya sabéis, soy un ex-fumador, pensároslo bien, esto es una estupidez, no vais a crecer debido al tabaco, ojo con el cáncer de mama... Y al salir seguían allí. Sentí que era una idea estúpida la de sermonearlas, así que las sonreí y les deseé suerte. Me devolvieron la sonrisa.